Continuamos con el Especial Saló del Còmic 2014. Ya sabéis cómo va esto, ¿no? Durante el Saló hemos ido repartiendo versiones impresas de cinco tiras distintas (siendo ésta una de ellas), así que si tenéis ésta en papel y sois los primeros en dejar en los comentarios la palabra secreta, ganaréis una aparición estelar en A Conciencia.

Quisiera aprovechar esta tira para lanzar un mensaje a todos los frikis que alguna vez hayan pensado que no pueden hacer tal o cual cosplay porque “no tienen el cuerpo del personaje original y la gente me va a decir algo”. Desde aquí os animo a que, si alguna vez alguien se atreve a criticaros por vestir como un personaje para el que dicen que no dais el tipo, respondáis “Podría ser peor, al menos no tengo cuernos”.

Probablemente no pillarán la referencia a esta tira; pero la cara que se les quedaría iba a ser épica.

↓ Transcript
El Adrián Bueno despliega con satisfacción la capa roja de su disfraz de Superman. Pero antes de tener ocasión de comentarle nada a su hermano, el Adrián Malo ya le replica:

-¡Ah, no! ¡Yo este año no pienso ir de superhéroe! -dice mientras se aleja- ¡Iré de Masacre, que es más tirando a de los malos, muchas gracias!

Y ahí que lo vemos, embutido en las mallas rojinegras de Masacre, con sus dos katanas a la espalda, levantando la capucha del disfraz por encima de su cabeza y sonriendo con ilusión. El momento de terminar de ponerse el disfraz y convertirse, durante su visita al Saló, en un personaje de cómic (lo sé, lo sé, seguidme la corriente que él aún no se ha enterado).

Pero entonces, cuando mete la cabeza en la capucha... ¡RRRIP! Los cuernos rasgan la tela, desgarrando dos agujeros y asomándose por ellos.

En la última viñeta vemos al Bueno luciendo con orgullo su traje de Superman, con su capa ondeando al viento y su caracolillo en el pelo. Entonces se gira hacia su izquierda y ve llegar a su hermano con su disfraz:

-¿Al final de Batman? -le dice son socarronería.
-Tú eso de saber cuándo callarse no te lo has estudiado, ¿a que no? -responde el Malo, ataviado con uno de los pocos disfraces que dejan espacio para los cuernos.