Por si todavía no había quedado claro, así es como funciona el Mundo de las Conciencias: el ganador crece, el perdedor encoge. Pero ¿quién ha dicho que ser una persona equilibrada (como Adrián, por ejemplo) implique que sus conciencias también lo sean?

Ah, y sí, sé que llego veinte horas tarde (casi veinte y media, de hecho), así que para compensar os aportaré un dato curioso y poco conocido: al parecer, los ordenadores tienen la mala costumbre de no funcionar cuando se va la luz en medio pueblo durante horas.

Lo sé, lo sé, yo también me he sorprendido.

↓ Transcript
-Sabes, a decir verdad... -comenta el Adrián Malo a su hermano-. Me alegro de que sigamos empatando.
-Mhm... -responde el Adrián Bueno sin prestarle mucha atención.
-Quiero decir que, mientras tú y yo sigamos empatando, seguiremos siendo hermanos gemelos, ¿no? Tan unidos como siempre.
-... Mhm...
-Pero mira a Samu -argumenta entonces el Adrián Malo-. Si cualquiera de los dos empezase a ganar al otro, se haría más grande y empezarían las diferencias, los piques, las rivalidades, el desequilibrio... Se acabaría la complicidad.
-... Mhm.

La conversación entre estos dos hermanos es interrumpida por un "¡¡¡UEEEEEEEEEEEHEHEHEEEHH!!!" exclamado a coro por las alegres conciencias de Samu, el grandullón Samu Malo corriendo de un lado a otro con el pequeñajo Samu Bueno montado a caballito sobre sus hombros, sujeto sólo con una mano. El Samu Malo incluso corre con la lengua fuera como si fuera un gigantesco perrazo asomando por la ventanilla de un coche. Los dos gritan y ríen con gran armonía, ante la atónita mirada del Adrián Malo y el inalterable gesto del Adrián Bueno.

-Claro, que por otra parte... -comienza a decir el Adrián Malo con la frustración reflejada en el rostro.
-¿Y tú a mí por qué no me llevas nunca a caballito? -le interrumpe el Adrián Bueno, fulminándole con una mirada de indignación.