Ésta fue una de las primeras tiras que se me ocurrieron. Mucho antes que la de la partida de ajedrez (Dios, la guerra que dio esa…).

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Un paso de peatones regulado por semáforo será el escenario de esta historia. Adrián aguarda pacientemente a que el semáforo se ponga en verde. Hay una anciana a su lado, pequeña y encogida sobre su bastón, su cabello blanco recogido en un moño y sus hombros cubiertos por un chal de punto.

Sobre la viñeta tenemos a Bueno crujiéndose los nudillos, disponiéndose a actuar, cuando de pronto Malo entra por la izquierda bramando "¡ALTO AHÍ, ABUSÓN!" y alzando un dedo acusador. Con mucha dignidad, se planta frente a su hermano y le dice "¡Te recuerdo que al última la hiciste tú! ¡Ésta es mía!", a lo que Bueno, brazos en jarras y mirada de indignación, le replica "¿Te recuerdo yo a ti tus trampas al ajedrez?

A estas alturas, Adrián y la anciana se miran el uno al otro por primera vez, él dedicándole una amable y compasiva sonrisa, ella alegre ante la amabilidad del muchacho. Pero encima de la viñeta, las dos Conciencias están enzarzadas en una feroz discusión: "¿Pero tendrá valor el tío? ¡Me toca a mí y lo sabes!", sentencia Malo plantando su dedo de la condenación en el pecho de su hermano, que a su vez le planta la mano en el hombro como queriendo apartarle y le dice "¡Y una leche! ¡Me debes un turno y me lo pienso cobrar, tramposo!". Ambos crispan los puños, dispuestos a liarse a toñas si la situación lo requiere.

Pero no les da tiempo, porque Adrián finalmente actúa. Y dado el conflicto de conciencias, lo que le dice a una (francamente sobresaltada) anciana es "Permítame que la ayude a cruzar, vieja de mierda con un pie en la tumba". Las dos Conciencias se quedan mirando perplejas al lector, preguntándose qué acaba de pasar.