Sed sinceros: ¿os acordábais del coche?

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"Hora de darle al última elección de la noche", declara el Adrián Bueno en off.

Pero no serán sus Conciencias quienes le den a elegir esta vez. En esta ocasión, quien dejará que Adrián decida será el propio Samu.

-Bueno, pues no te angusties, Adri, que ya está aquí tu colega Samu -le dice mientras Adrián intenta volver a colocarse las gafas rotas como buenamente puede-. ¿Qué me dices? ¿Te acerco a casa y te olvidas de esta noche de mierda... -vemos al Samu Bueno, almohada en mano y gorro de dormir en cabeza, levantando un pulgar para dar a entender lo buena que es esa idea-... o salimos tú y yo de juerga y quemamos esta ciudad? ¡Tú decides, campeón! -y vemos al Samu Malo, gorro de fiesta en cabeza y matasuegras en boca, bailando y saltando encantado con esta idea.

Llega la hora de la verdad.

-¿Sabes qué? -empieza a razonar Adrián-. Yo había salido esta noche con una idea en mente: pegarme la juerga de mi vida. ¡Joder, si hasta mi padre me ha dicho que esta noche tenía que celebrarlo! Pero me lo he pasado de todo menos bien. Me he perdido la mitad de la noche. Así no es como quería pasármelo hoy, la verdad. O sea, que si me das a elegir...

... redoble de tambores, Samu sonríe expectante, las cuatro Conciencias están tan histéricas como los candidatos al Oscar cuando saben que se está abriendo el sobre, yyy...

-... paso -concluye Adrián.

¡Regocijo entre las Conciencias! ¡Adrián ha reactivado el cerebro! Los Adrianes se estrechan la mano, felicitándose el uno al otro por un trabajo bien hecho, mientras el Samu Malo agarra al Bueno en volandas.
-¡Lo conseguí! -exclama un pletórico Samu Bueno.
-¡Has ganado, hermanito! - exclama el Samu Malo, genuinamente contento por su hermano.

-Tú mandas, pichabrava -responde Samu, acariciando la cabeza despeinada de Adrián como si fuera un cachorrito-. Eso sí, para la próxima llámame, verás cómo cambia la noche.

Y así, entre celebraciones de las Conciencias, Samu y Adrián llegan al coche.
-¡Anda! -exclama Adrián-. ¿Coche nuevo?
-Es prestado. ¡Sube, que te llevo a casa!

Esto coge por sorpresa a los Adrianes, que se giran para contemplar la escena mientras el Samu Malo (aún con su hermano cogido en alto con una sola mano) se saca de alguna parte el cochecito de juguete que robó en la tira 13.
-¡Menuda noche! -exclama-. Tu ganas, yo tengo un coche de juguete nuevo...
-... y hasta aquí llegó mi victoria -murmura el Samu Bueno con media sonrisa de resignación.