Volvemos a la carga, y ahora sí, os habéis ganado un Samu. Por pacientes.

↓ Transcript
"Llegados a este punto", explica el Adrián Bueno en off, "podemos retirarnos y dejar que todo fluya..."

Samu, el humano, el de verdad, sin Conciencias tapándole la cara, está de rodillas en el suelo frente a su amigo tendido. Es un chico delgado pero en buena forma, con el pelo alborotado, gruesas patillas, nariz puntiaguda y una sonrisa fina y alargada. Como su Buena Conciencia, pero mucho menos demacrado. Sobre la viñeta, y cumpliendo con lo que la voz en off ha descrito, las Conciencias de los dos hacen mutis por la izquierda, comentando tranquilos y satisfechos el resultado de la jugada.

-¿Samu? -pregunta un desorientado Adrián incorporándose-. ¿De dónde has...?
-Arriba, chaval -replica Samu ayudándole a levantarse, y entonces le dedica una sonrisa socarrona-. Desde luego, sales una noche de juerga sin mí y te sacan a hombros, ¿eh, pichabrava?
-Calla, no me lo recuerdes... -gime Adrián llevándose la mano a la cabeza-. Se me ha ido de las manos, tío. Suerte tengo de que no me hayan roto las gafas, después de todo...
-¡HOMBRE, EL SUBMARINISTA!- interrumpe de pronto una voz.

"... a no ser, claro, que la cosa se ponga interesante", dice el Adrián Bueno en off, y las cuatro Conciencias vuelven a entrar en escena a toda velocidad mirando con curiosidad morbosa a la viñeta que tienen debajo. El Adrián Bueno incluso lleva palomitas.

En la viñeta, vemos a Samu y Adrián contemplar, con asombro el primero, con horror el segundo, a la persona que les acaba de interrumpir. Sólo vemos un primer plano de su trasero y a los chicos por entre sus piernas, pero la frase y la minifalda ya nos dan la pista de quién es: la rubia neumática de la tira 20.

-Ay, Dios... -dice Adrián en un hilo de voz.

La rubia comienza a avanzar hacia Adrián con paso colérico y determinado. Samu se mantiene en un discreto segundo plano, mientras Adrián intenta retroceder y amansar a la fiera:

-Vale. Vale. Dialoguemos. Tienes todo el derecho del...

... pero no termina su argumento. En la que será (si al Autor le ha salido bien) la viñeta más dinámica de todo A Conciencia hasta la fecha, la rubia asesta un brutal manotazo con la izquierda que prácticamente le desencaja a Adrián la mandíbula, amenaza con tirarlo al suelo, y le salta las gafas.

Esto provoca una apasionada reacción en las Conciencias de Samu y en el Adrián Bueno, que se maravillan de las consecuencias de una jugada del Adrián Malo: el Samu Malo se pone en pie y alza el puño para jalear al artista, el Samu Bueno levanta un cartel con el número 10 al estilo de los jurados olímpicos, y el Adrián Bueno aplaude con elegancia. La reacción del Adrián Malo es curiosamente humilde:

-¿En serio? ¿Por una hostia? -pregunta encogiéndose de hombros-. ¡Pero si los lectores se la llevan viendo venir desde la tira dos!

-¡Imbécil! -brama la rubia saliendo de la viñeta por la derecha. Adrián tiene media cara hinchada (curiosamente la media del ojo sano). Samu, aún sin salir de su asombro, levanta un dedo para preguntar.
-No quiero hablar de ello -responde Adrián recogiendo sus gafas rotas del suelo y tratando de proseguir su camino.
-¡Sí, una leche me vas a dejar con la intriga! -replica Samu siguiéndole entre carcajadas-. ¿Cuánto aguantaste? ¿Son naturales? ¡Por Dios, dime que hay fotos!