¡Volvemos a la carga, damas y caballeros! Seguimos desde donde íbamos: Adrián, borracho como una cuba y con un ojo morado tras empeñarse en quitarle la fregona al camarero, sigue comportándose como un auténtico animal de fiesta, aunque las consecuencias para él estén siendo nefastas. Poco puede imaginar que sus Conciencias le están guiando por ese camino para obligarle a resetear el cerebro.

↓ Transcript
"Todos los borrachos tienen un momento de claridad", sentencia el Adrián Bueno en off.

Seguimos en la discoteca. Adrián sigue borracho. Ya parece haberse olvidado del ojo morado que se llevó por el fregonazo de la tira anterior, y con el vaso en una mano, baila como un loco dándole codazos a un tipo más grande que él, ante la mirada de vergüenza ajena de media discoteca. Si uno mira con atención, puede ver cómo una chica al fondo le señala y comenta algo sobre él con una amiga... que resulta ser la rubia pechugona de la tira anterior y que pone cara de no querer saber nada más de ese individuo.

"Suele ser" prosigue Bueno "cuando ya hace una hora que no se están divirtiendo".

Vemos llegar a Bueno, martillo en una mano y señal sujeta a un poste al hombro. La señal está del revés, por lo que aún no leemos lo que pone, pero está compuesta por un cartel rectangular sujeto con dos tornillos y uno circular, situado debajo y sujeto por un tornillo en el centro.

"Comprenden que han perdido el control, la gracia, y una buena parte de la noche".

Clava la señal en el suelo y empieza a hundirla en la viñeta a martillazos. En el rótulo rectangular se lee "Salida digna", mientras en el circular se ve una flecha que apunta a la derecha. Ese es el momento en que Adrián se detiene, sobresaltado, e hincha enormemente los carrillos mientras contrae la boca en una mueca tratando de contener lo que está a punto de pasar. Pero no puede evitarlo y vomita por todo el suelo de la discoteca, ante la atónita mirada de una pareja que baila detrás de él.

"Entonces sólo les queda una cosa: la dignidad".

Bueno se lleva las manos a la espalda y contempla la señal. Todo está bastante claro, así que se muestra satisfecho. Adrián se incorpora, rostro enfermizo, golpeado de pronto por la súbita claridad que todo borracho siente después de vomitar.

-¿Pero qué coño estoy haciendo? -murmura para sí, y se gira hacia el tipo más grande a su izquierda-. Tío... Perdona por los codazos, que no he dejado de liarla...

Bueno se retira con la satisfacción del deber cumplido. Se cruza por el camino con su hermano Malo, y chocan los cinco como para cederse el turno.

-Perdonad todos -prosigue Adrián al darse cuenta de cómo le mira todo el mundo-, ya me...

En ese momento, Malo golpea el rótulo circular como si fuese la Ruleta de la Suerte, haciéndolo girar a toda velocidad hasta que la flecha señala en dirección contraria. Como resultado, Adrián resbala con algo (podría ser la bebida que tenía en la mano y que perdimos de vista desde que vomitó, podría ser su propio vómito, yo personalmente no quiero saberlo).

-... ya me voOSTIAS! -exclama.

"¿Y se la quitamos también?", pregunta Malo en off.
"Y se la quitamos también", coincide Bueno. "¿Cómo va a aprender si no?"

Toda la gente de la discoteca está viendo a Adrián tirado por los suelos, con una pierna en alto (lo único que vemos nosotros en la viñeta), sin saber exactamente qué hacer con él. El camarero, particularmente, está haciendo un facepalm en toda regla. Adrián, aturdido y desesperado, balbucea "... Yo me quiero ir a dormir..." antes de ponerse a roncar. Por encima de la viñeta, Malo se aleja con su ya característica sonrisa cabrona.