Lejos de la creencia popular, cuando se observa a una Mala Conciencia en su hábitat natural, no se aprecia maldad en su rostro. Presten atención a su gesto de ilusión, a su sonrisa iluminada, cuando su presa «pica». ¿Quién podría pensar que existe el mínimo rastro de malicia en esos ojillos cargados de felicidad?

Bueno, sí, la chica tal vez; pero aparte nadie y lo sabéis.

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Esta tira es muda. En su viñeta en tonos de grises vemos a Adrián esperando el autobús, mirando impaciente el reloj. Mientras tanto, y caminando justo por encima de la viñeta, vemos a su Malo caminando tranquilo, con un gorro de pesca, una caña al hombro y silbando una alegre melodía. Lanza su anzuelo sobre la segunda viñeta, en la que Adrián mira al cielo aburrido, sin darse cuenta de que alguien se aproxima por su izquierda. El Adrián Malo se recuesta a esperar, espiga de trigo entre sus labios, cubriéndose el rostro con el sombrero y sumergiendo un pie en la viñeta, mientras una morena de cuerpo escultural camina hacia un distraído Adrián. La chica se detiene a su lado, momento en que por fin Adrián se da cuenta de su presencia. Es en este momento cuando el sedal de la caña empieza a tirar. Malo se incorpora con una sonrisa de ilusión, y ni corto ni perezoso agarra la caña y tira del sedal, que en la quinta y última viñeta hace que Adrián (que mira hacia otro lado y silba para disimular) levante la mano y le palpe el culo a la sorprendida morena.