¡Ya estoy! ¡Ya he vuelto! (agf) ¡No empecéis sin mí!

(paso rápidamente por maquillaje, me retocan los brillos, me vuelven a disimular la calva, me pasan un café y una copia del guión, me bebo el guión y encuentro la lectura del café muy poco edificante, y finalmente comparezco ante las cámaras).

Bien, lo primero de todo… perdón. Que después de conseguir reducir el tiempo de retraso en cada publicación a menos de quince horas, pensé «¿Y por qué no dos semanas?», y luego pasa lo que pasa.

Os diré sin embargo que he estado en mil cosas a la vez. La más grande de todas… bueno, la más grande de todas aún no os la puedo contar, me temo. Se supone que para el miércoles ya debería saber algo, y si es así os prometo que os doy la explicación que os merecéis.

Sea como sea, no ha sido la única cosa: clases de inglés (impartidas por un servidor), sexto aniversario de La Sociedad del Misterio y su caso correspondiente (que aún está pendiente de cerrarse como Dios manda, para que veáis que no os he dejado desatendidos sólo a vosotros), diversos compromisos sociales, y por supuesto problemas informáticos variados, que son los que le dan sal a la vida. Todo ello, naturalmente, aderezado con las complicaciones añadidas de que me he independizado no hace demasiado, lo que implica que ahora mismo tengo cosas que hacer que antes, y todo el que se haya emancipado lo sabe, se hacían solas.

(mi madre mandándome muy justificadamente a la mierda en tres, dos, uno…)

Total, que he vuelto. Deseando poder explicaros más, y ansioso de que llegue el momento en que finalmente pueda, pero el caso es que he vuelto. Pero claro, después de dos semanas de silencio… antes de retomar la saga de los Adrianes y los Samus, se imponía una explicación (y un cameo de mi señora).

Si todo va como es debido, la semana que viene retomamos el hilo. Y si no va como es debido, prometo que esta vez aviso. De verdad.

↓ Transcript
MIENTRAS TANTO, EN CASA DEL AUTOR...

-Bueno, por fin -comenta el autor de A Conciencia mientras termina de teclear-. Me ha llevado dos semanas más de la cuenta, pero por fin estoy consiguiendo terminar la Escena del Salón del último caso de la Sociedad del Misterio.

Entra la Novia del Autor por la izquierda. Éste se gira para hablar con ella:

-El ordenador no ha parado de darme problemas, y entre eso y lo de... -pero no podemos leer el resto de su explicación, porque sobre ella hay un enorme cartelón en el que se lee en rojo "CONFIDENCIAL". Y desde aquí os prometo que en cuanto pueda quito el cartel y arreglo la transcripción.
-Y lo de dar clases de Inglés, que eso también está ahí, cariño -responde la Novia del Autor, y entonces se le ocurre algo más-. Oye, y a todo esto... ¿Qué tal llevas el Webcómic?
-Ah, genial, ya he arreglado la Galería de Arte y todo -responde el Autor cruzándose de brazos con satisfacción.
-¡Mola! -exclama ella mientras sigue su camino-. Pues ya me enseñarás las últimas tiras, que llevo dos semanas que no he tenido tiempo de entrar en A Conciencia.
-Ya, jejeje, ni yo... -responde el Autor.

Y se queda ahí, de brazos cruzados, con una mirada despreocupada y una sonrisa de tranquilidad absoluta. Y así hasta que, en la última viñeta, por fin se da cuenta de que se igual se ha dejado algo en el tintero.