Es que no tiene pizca de maldad ningu… eh, un momento…

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El Samu Malo está sentado en medio de la calle, las piernas cruzadas, jugando con un cochecito de juguete con una sonrisa de ilusión de oreja a oreja (si las Conciencias tuvieran orejas, quiero decir). Desde la acera, el Samu Bueno y los dos Adrianes le contemplan casi con orgullo.

-Parece mentira que tu hermano sea el Malo -comenta el Adrián Bueno-. Míralo ahí, jugando con un cochecito de juguete...
-Qué va, si es un niño grande.

Y se quedan ahí, mirándole, admirando su absoluta falta de malicia. Todos, menos el Adrián Malo, que de pronto se muestra pensativo: algo no le cuadra.

Entonces finalmente llega a una conclusión:

-Vuestro humano está robando un coche, ¿verdad?
-No había visto ese coche de juguete en mi vida -admite el Samu Bueno con la impotencia reflejada en sus ojos, ante la mayor mirada de frustración que le hemos visto nunca al Adrián Bueno.