Damas y caballeros, el elenco de personajes empieza a crecer.

Vale, sí, no ha crecido tanto como el Samu Malo… pero ha crecido, jo.

↓ Transcript
Volvemos al Mundo de las Conciencias, donde dejamos a los dos Adrianes. El Adrián Bueno, con las manos a la espalda, comenta con su hermano un tema que le preocupa:

-En serio, tendrías que aprender a perd...
-¡Eh, mira, si es Samu! -exclama entonces el Adrián Malo con una amplia sonrisa.
-Eh, mira, si es un oportuno cambio de tema... -replica el Adrián Bueno por lo bajo.
-¡Qué pasa, Samu!

Apoyado sobre la alta columna roja del Monumento del Mal, una Buena Conciencia se gira al oír su nombre. Es muy delgado, con el rostro demacrado y las costillas y las caderas muy marcadas. Tiene el pelo ondulado, muy desarreglado, y grandes y oscuras bolsas bajo los ojos. Es el Samu Bueno, que estaba fumando tranquilamente en la calle cuando oye llegar a los Adrianes.

-¡Qué de tiempo, tío! -dice el Adrián Malo estrechándole la mano.
-¡Hey, el Gran Adrián! -saluda el Samu Bueno con alegría-. ¿Cómo vais, chavales?
-¡Pero mírate! -exclama el Adrián Bueno-. Tío, no veas todo lo que has adelgazado...
-La Dieta del Perdedor -responde-. Mi hermano va ganando, ya sabéis cómo va esto...
-Eso, ¿y tu hermano, cómo sigue?
-Buf, enorme, no os podéis ni imaginar...
-Hombre -tercia el Adrián Malo-, viéndote a ti, ya me imagino...

Pero la conversación es brutalmente interrumpida: una enorme y monstruosa mano de color rojo aparece de la nada y propina tal palmada al Adrián Malo que lo tumba en el acto, mientras una alegre voz brama "¡¡¡ADRI!!!"

Es entonces cuando vemos por primera vez al Samu Malo: un alegre y musculado gigante de mejillas regordetas, con el mismo pelo desaliñado de su hermano, que lleno de regocijo levanta en peso sin esfuerzo alguno al Adrián Bueno al grito de "¿¿QUÉ PASA, CHIQUITÍN??". El Adrián Bueno dibuja una sonrisa incómoda, el tipo de sonrisa que puede decir tanto "Huy, mira, es mi viejo amigo y me ha cogido por sorpresa" como "Por favor señor no me mate": El Samu Bueno, por su parte, se acerca al bordillo en el que ha aterrizado el Adrián Malo y se agacha para verle mejor.

-Vale, pues no... -admite el Adrián Malo alzando un dedo mientras intenta desincrustar sus dientes de la acera-, no me lo imaginaba tanto.
-Conciencia de poca fe... -responde el Samu Bueno con una sonrisa de suficiencia.