Y por fin, A Conciencia ve la luz.

Antes de nada, creo que se impone una cierta explicación. Durante años he ido recibiendo sugerencias, presiones, una cabeza de cabacordiales invitaciones, para crear un webcómic. Me consta que ya había más de uno que pensaba que esto no iba a ocurrir, que no estaba haciendo más que darles largas.

Pero lo cierto es que este webcómic lleva en el horno más de cinco años.

Lamentablemente, la vida real suele tener preferencia sobre estas cosas, y una cuestión tras otra me han ido haciendo posponer este proyecto. Un proyecto que, en el fondo, siempre quise iniciar. Y así, tras todos estos años, finalmente consigo sacar un momento para hacerlo realidad.

Me gustaría decir que éste no es el típico cómic del angelito y el demonio que ya hemos visto miles de veces, pero eso no depende de mí decirlo; queda en vuestras manos juzgarlo.

De modo que tomad asiento y disfrutad del viaje, porque después de tanto tiempo preparando el proyecto… esto sólo acaba de empezar.

 

Ah, y por si queréis leeros la tira… aquí tenéis la transcripción:

↓ Transcript
La escena, en blanco y negro, nos muestra a un joven sentado en su escritorio, estudiando. Por la ventana vemos que ya es de noche.

Una voz en off, sobre una caja de texto roja, dice "Peón a Torre cuatro". El joven, para sus adentros, piensa "No puedo más... Necesito un descanso..."

Otra voz, esta vez sobre una caja de texto azul, dice "Alfil a Caballo siete". El joven (pelo claro, gafas), con una mirada cargada de sentido del deber, piensa "... No. Céntrate, Adrián. Es el último examen. Puedes hacerlo".

"Caballo a Rey Tres", dice la voz en rojo, y el joven Adrián bosteza: "Pero es que tengo un sueño encima..."

"Peón a Reina cinco", replica la voz azul, y Adrián se ordena a sí mismo: "¡Mantente despierto, joder!"

"Alfil a Torre tres", sentencia la voz en rojo, y añade "JAQUE". Adrián, con una mirada de dejadez, razona: "Total para qué, si ya por un examen no me van a suspender, digo yo..."

"Caballo a Alfil dos", proclama entonces la voz sobre azul, y Adrián se llena de determinación: "¡NO! Piensa con la cabeza. Si pego este último empujón, ¡después podré descansar tranquilo todo el tiempo que quiera!". La voz en azul remata su argumentación con un rotundo "JAQUE MATE".

Es en ese momento cuando, sobre nuestro mundo de grises, un onomatopéyico "PTROMPF!" en rojo rompe el silencio de la noche. Adrián, llegado a ese punto, se levanta medio zombi y decide "Al carajo, tengo sueño. Yo así no rindo".

Terminan las viñetas. Dejamos atrás la historia de Adrián. Pero más allá de las viñetas, sobre el fondo negro de la página, nos encontramos con una escena que antes no habíamos podido ver: rodeados de una neblina que pasa del azul al rojo hay una pequeña mesa con un pie y un tablero de ajedrez. A sus lados, dos sillas, una en pie y la otra tumbada. Esparcidas sobre y bajo el tablero, las fijas de ajedrez rojas y azules. Y sobre las sillas...

Hay dos figuras. Pequeños cuerpos, grandes cabezas, manos y pies. Aspecto ligeramente duendesco. Ambos son gemelos: misma apariencia, mismo peinado, mismas gafas incluso. Pero uno de ellos es azul, con el cabello plateado y una aureola dorada sobre la cabeza, mientras que el otro es rojo, de cabello naranja vivo y con dos pequeños cuernos amarillos. La Buena y la Mala Conciencia de Adrián, con quien también comparten corte de pelo y gafas.

En el momento en que los vemos por primera vez, la Mala Conciencia, sonriendo como un cabrón, está de pie en su silla, con un pie adelantado y plantado sobre el tablero de ajedrez, y el brazo izquierdo extendido hacia adelante con un guante de boxeo. Tumbada sobre la silla volcada vemos a la Buena Conciencia, con las gafas a medio descolocar, cubriéndose un ojo dolorido con la mano izquierda mientras, con gesto de puro cabreo, sentencia con una voz azul "Tú di que sí, hermanito, muy maduro por tu parte..."

La escena termina con el título de este cómic, superpuesto en la parte inferior de esta última escena: "Javier Martínez presenta: A CONCIENCIA".